Sólo puedo decir que apenas 60 horas ¡no
pueden dar más de sí! En otras ocasiones el tiempo necesario para ir olvidando
el mundanal ruido y centrarme en la experiencia del peregrinaje había sido más
amplio, 3, incluso 4 días. Pero parecía que el Camino sabía exactamente
de
cuanto tiempo iba a disponer realmente sobre el terreno, algo completamente
insospechado para mi ya que me las prometía muy felices durante 7 días.


Y te digo algo: Ha sido maravilloso. Y
sigo sorprendiéndome
porque cada vez que vuelvo al Camino éste me tiene una sorpresa preparada llena de lecciones, una circunstancia no vivida antes (y aunque fuera la misma no importaría, porque de año en año no es la misma persona la que regresa ni es la misma la lectura de lo que sucede).
porque cada vez que vuelvo al Camino éste me tiene una sorpresa preparada llena de lecciones, una circunstancia no vivida antes (y aunque fuera la misma no importaría, porque de año en año no es la misma persona la que regresa ni es la misma la lectura de lo que sucede).
¿Y por qué ha sido maravilloso? Porque de
entrada, el vivir la naturaleza desde dentro, su grandeza, su inmensidad, te
pone en conexión con lo diminuto de tu existencia, te pone en tu sitio y solo queda admirarte de lo que te rodea y
supera, bellísimo y en ocasiones terrible, espoleándote a sacar lo mejor de ti
mientras te asombras como un niño.
Y porque de la grandeza del reto aflora el
poder interior, las ganas de superación, el respeto y la preocupación y el
avanzar pese a todo, tal vez llevado por un inconsciente deseo de conocer hasta
donde está uno dispuesto a llegar, el desafío personal.
Así que parecía que todo estaba dispuesto
para ponerme a prueba en función del poco tiempo disponible. Y ha sido de tal
manera que después de dos días me parecía
a veces que llevaba un mes. Y que todos los planes a priori han saltado una vez
más por los aires, pero en esta ocasión desde el minuto 1, sin piedad :). Y de
lo que me alegro sobremanera es de haber comprobado mi evolución con respecto a
este ámbito. Porque no me reconozco con respecto a aquel peregrino que llegó al
Camino hace 7 años.
Hoy, a diferencia de entonces, la capacidad de adaptación a lo nuevo se ha multiplicado exponencialmente en mi. Tenía la sensación de que estaba siendo una especie de test, una
Hoy, a diferencia de entonces, la capacidad de adaptación a lo nuevo se ha multiplicado exponencialmente en mi. Tenía la sensación de que estaba siendo una especie de test, una
autoevaluación de cual era el estado de
la cuestión en mi actualmente. Y qué curioso, precisamente en este momento de
mi vida donde se me exige tener una cintura, una flexibilidad y fluidez brutal
sobre todo en mi ámbito profesional, pues este es un año de un gran salto, con
los escenarios insospechados que supone el crecer a lo grande.

Así que estoy muy contento en este aspecto pues
ha sido un espaldarazo importante confirmar que he ido interiorizando las
lecciones que llevo este año, sobre todo referidas a moverme con soltura en el
caos.
Y como no podía ser de otra manera, otra de
las grandes
cosas ha sido los aprendizajes y los momentos compartidos con las personas, con esos extraños que 10 minutos después de conocernos nos tratábamos como si lleváramos viendo toda una vida, sin importar procedencia, idioma, cultura... Eso sí es magia y lo demás tonterías. Me reafirmo en que en el camino te encuentras personas extraordinarias en todo momento, pero no porque se haya dado un cúmulo de casualidades que culminen en que un selecto grupo de gente increíble por azares del destino se juntan en el mismo lugar y al mismo tiempo. Y es que realmente lo que consigue el Camino es hacer aflorar nuestra mejor versión, esa que todos llevamos dentro. Por eso es imposible no encontrarse gente extraordinaria, porque todos lo son, y las reglas de juego se hallan establecidas para que eso surja.
cosas ha sido los aprendizajes y los momentos compartidos con las personas, con esos extraños que 10 minutos después de conocernos nos tratábamos como si lleváramos viendo toda una vida, sin importar procedencia, idioma, cultura... Eso sí es magia y lo demás tonterías. Me reafirmo en que en el camino te encuentras personas extraordinarias en todo momento, pero no porque se haya dado un cúmulo de casualidades que culminen en que un selecto grupo de gente increíble por azares del destino se juntan en el mismo lugar y al mismo tiempo. Y es que realmente lo que consigue el Camino es hacer aflorar nuestra mejor versión, esa que todos llevamos dentro. Por eso es imposible no encontrarse gente extraordinaria, porque todos lo son, y las reglas de juego se hallan establecidas para que eso surja.
Y esto, compañeros y compañeras, es
maravilloso porque significa volver a la quintaesencia del ser humano, recuperar la esperanza y la
confianza y ver a tus semejantes con admiración. Y eso no se paga con dinero.
He vuelto a vivir montones de pequeños
momentos nimios y magníficos compartiendo una botella de vino con gente de la
que desconozco el nombre y que 4 minutos antes no existían en mi vida; las
sonrisas y ganas de peregrinas de más de 70 años mientras la intemperie y el
viento no las dejaba avanzar; las carcajadas comprobando como a una irlandesa
un chupito de pacharán le transformaba la cara; los compartires, historias y
aventuras de cada uno, trufados de aprendizaje, buenos ratos y humanidad; el que no importe ni en qué trabajes ni cual
sea tu historia anterior; solo es crucial dar lo mejor ahí y ahora, abrirte a la experiencia con
confianza y ganas de compartir... Y entonces la magia sucede. El mundo al
revés, como tantas veces me ha ocurrido en el camino.
En esta época del año casi no hay españoles,
así que la aventura es todavía más amplia porque te relacionas con gente de
todos los países. Y una vez más te das cuenta que debajo de la pátina cultural,
de raza y procedencia los humanos somos todos lo mismo, indistintamente del
color y
las creencias: todos necesitamos reir, compartir, amar, tememos a las mismas cosas, vamos sin manual de instrucciones y somos capaces de lo mejor; todos necesitamos afecto, hacernos preguntas y atrevernos a responderlas; todos queremos cosas buenas para nuestras vidas y para los que nos rodean.... En definitiva, somos personas, sin más etiquetas.
las creencias: todos necesitamos reir, compartir, amar, tememos a las mismas cosas, vamos sin manual de instrucciones y somos capaces de lo mejor; todos necesitamos afecto, hacernos preguntas y atrevernos a responderlas; todos queremos cosas buenas para nuestras vidas y para los que nos rodean.... En definitiva, somos personas, sin más etiquetas.
Es entrañable como la mayoría de los
peregrinos que te encuentras viajan solos, y al final surge casi siempre el
mismo motivo: "It`s your own journey" (he hablado mucho inglés debido
a que estaba siempre con extranjeros. La traducción sería algo así como: es tu
propia jornada, tu
propio camino). Prácticamente todos querían andar a su aire para tener tiempo para uno mismo, para pensar, para dedicarse esa atención tan escasa en el día a día cotidiano. Y eso me encanta: que hubiera esa conciencia de que esos momentos eran personales y necesarios, y luego ya al llegar al albergue tocaba compartir. Y me parece sabio y equilibrado abordar lo intra y lo inter personal de una forma tan espontánea.
propio camino). Prácticamente todos querían andar a su aire para tener tiempo para uno mismo, para pensar, para dedicarse esa atención tan escasa en el día a día cotidiano. Y eso me encanta: que hubiera esa conciencia de que esos momentos eran personales y necesarios, y luego ya al llegar al albergue tocaba compartir. Y me parece sabio y equilibrado abordar lo intra y lo inter personal de una forma tan espontánea.
Incluso tuve la oportunidad de trabajar la
sensación de culpa, puesto que el tercer día y estando casi aislados por la
nieve en Villafranca de Montes de Oca, seguía
cayendo y ni llevábamos equipo ni podíamos ver las flechas para avanzar, además
de tener que subir un puerto donde nos habían comentado que ya había medio
metro de nieve. Pero....¿como íbamos a cojer un bus? ¿no estaba eso en contra
de la filosofía del camino? Recuerdo bien como reunidos los 5 compañeros que
éramos, cada uno de su padre y de su madre y de un páis distinto, todos
teníamos la misma preocupación. Y como fuimos consensuando que el Camino había
querido que viviéramos esa circunstancia y que había que saber adaptarse a lo
que sucedía sin reglas establecidas, tomando la decisión más sabia. Nunca
olvidaré al "comité de crisis" como lo llamamos entre grandes risas. reunido para tomar la decisión de si seguíamos andando, esperábamos un día allí parados o cogíamos un autobús. Y es cuando pedimos una señal al universo. Y en ese momento empezó a nevar de nuevo. Pero no era suficiente, así que volvimos a pedir otra señal, y empezó a soplar una ventolera de tres pares de c..... Y Julian, el sudafricano comentó: " como pidamos otra señal van a empezar a caer del cielo billetes de autobús". Cada vez que recuerdo ese momento me parto, ja, ja..
olvidaré al "comité de crisis" como lo llamamos entre grandes risas. reunido para tomar la decisión de si seguíamos andando, esperábamos un día allí parados o cogíamos un autobús. Y es cuando pedimos una señal al universo. Y en ese momento empezó a nevar de nuevo. Pero no era suficiente, así que volvimos a pedir otra señal, y empezó a soplar una ventolera de tres pares de c..... Y Julian, el sudafricano comentó: " como pidamos otra señal van a empezar a caer del cielo billetes de autobús". Cada vez que recuerdo ese momento me parto, ja, ja..
Y luego hablando con otros peregrinos (el
autocar iba lleno de ellos, todos habían tenido que desistir esa jornada)
seguía estando presente el tema de la conciencia (¿se podía sellar la
credencial en Burgos, sin haberlo
currado???) Yo gracias a Dios no tuve ese problema porque iba sin
credencial; tal como había estado la cosa, se me había olvidado pedirla en
algún pueblo :)
Y al llegar a Burgos el destino me seguía
deparando sorpresas: Me tuve que volver a
Madrid por un tema familiar importante: lo primero era lo primero, y también conseguí
trascender los planes y expectativas y adaptarme rápido y regresar donde debía estar en esos momentos.
No sé si hasta ahora lo que he escrito puede
parecer un cuento lleno de cosas buenas. ¿Es que acaso no habido otras que no
me hayan gustado? Pues sí, haberlas haylas como las meigas, algunas relacionadas
con los albergues, o la mercantilización del camino... pero te puedo decir que
son nimiedades a las que he decidido no conceder importancia, porque solo son
pequeñas anécdotas comparadas con la experiencia a lo grande que he vivido. Y
como dicen los que saben de esto, cuando uno entrena su mirada para elegir lo
que quiere ver, el resto deja de existir. Y eso es lo que me ha pasado a mi.
Quiero recordar a la gente que ha impreso su
huella en mi estos días: mi compañero Julian, un sudafricano de mi edad forofo
del futbol (estuvo en la final del mundial jaleando a España) que no ha perdido
la sonrisa ni un segundo; de esas personas que te encanta encontrar porque
siempre tiene la broma a flor de piel y sabe reírse de sí misma;
JeeYun, una chica coreana con fuertes convicciones católicas; superabierta, se reía por todo, respetuosa y sin llamar la atención pero que se apuntaba a um bombardeo y a cualquier reto que se pusiera por delante, además de poder hablar profundamente sobre las cosas de la vida: un maravilloso ser humano; Ita, de Irlanda: recién jubilada, estaba disfrutando como una niña de la experiencia pese a dolorosos percances físicos que la impedían andar bien; pero daba igual, siempre con la sonrisa, con complicidad, con cariño... y otras personas de Holanda, de Alemania, dos majísimas chicas de lugo, Patricia y Vanessa, Amadeo, el
dependiente de una tienda de ultramarinos en Grañón que me deleitó con un concierto de guitarra clásica desde dentro del mostrador; Esther, supersimpática, encargada de un bar en Tosantos, nunca pararé de reirme con la anécdota de la frase del jefe sioux; Gonzalo, el hijo del dueño del hotel San Antón Abad en Villafranca: cercano, servicial, majo, risueño, casi salimos ardiendo porque se le quemaron las tostadas en la cocina del hotel, pero asumió la circunstancia si perder el humor y soltando chascarrillos, además de acercar a Ita a Burgos en su coche; Raúl, de Guadalajara, en su primer camino tenía agujeros en las botas pero estaba alucinando con la experiencia desde Roncesvalles y decía que no se lo podía estar pasando mejor.....
JeeYun, una chica coreana con fuertes convicciones católicas; superabierta, se reía por todo, respetuosa y sin llamar la atención pero que se apuntaba a um bombardeo y a cualquier reto que se pusiera por delante, además de poder hablar profundamente sobre las cosas de la vida: un maravilloso ser humano; Ita, de Irlanda: recién jubilada, estaba disfrutando como una niña de la experiencia pese a dolorosos percances físicos que la impedían andar bien; pero daba igual, siempre con la sonrisa, con complicidad, con cariño... y otras personas de Holanda, de Alemania, dos majísimas chicas de lugo, Patricia y Vanessa, Amadeo, el
dependiente de una tienda de ultramarinos en Grañón que me deleitó con un concierto de guitarra clásica desde dentro del mostrador; Esther, supersimpática, encargada de un bar en Tosantos, nunca pararé de reirme con la anécdota de la frase del jefe sioux; Gonzalo, el hijo del dueño del hotel San Antón Abad en Villafranca: cercano, servicial, majo, risueño, casi salimos ardiendo porque se le quemaron las tostadas en la cocina del hotel, pero asumió la circunstancia si perder el humor y soltando chascarrillos, además de acercar a Ita a Burgos en su coche; Raúl, de Guadalajara, en su primer camino tenía agujeros en las botas pero estaba alucinando con la experiencia desde Roncesvalles y decía que no se lo podía estar pasando mejor.....
Y por supuesto mi amiga y compañera Montse
Burgos, que
me acogió en la ciudad y donde me invitó a unas patatas bravas que estaban de escándalo y me llevó a comer al Negrito, un sitio que yo jamás hubiera descubierto y que era un espectáculo: una comida buenísima y muy barato, además de compartir una estupenda conversación sobre lo divino y humano, y encima entre coaches, no te cuento :)
me acogió en la ciudad y donde me invitó a unas patatas bravas que estaban de escándalo y me llevó a comer al Negrito, un sitio que yo jamás hubiera descubierto y que era un espectáculo: una comida buenísima y muy barato, además de compartir una estupenda conversación sobre lo divino y humano, y encima entre coaches, no te cuento :)
Como ves, 3 días pueden dar para mucho, ja,
ja....
Y haciendo un resumen, ¿qué he aprendido?
- Que se puede y debe estar preparado para
los planes que tiene la vida para nosotros y que posiblemente sean mejores que
los propios, aunque en el momento no lo entendamos
- Que debemos
dedicarnos tiempo a nosotros mismos, es necesario e imprescindible para
darnos cuenta de cosas que marcan la vida
- Que los humanos somos pequeños y grandes a
la vez
- Que todo siempre es susceptible de
empeorar, así que adiós quejas...
- Que hay que asumir retos y atreverse, es la
única manera de crecer
- Que todo el mundo es bueno ( esto es algo
que ya tenía interiorizado y que sigo reforzando). solo es necesario mirar con
esos ojos y además facilitar el contexto
- que la risa cura, y un día sin risa es un
día perdido
- Que necesitamos compartir y que llevamos en
los genes la actitud de servicio y
contribución a otros
- Y que el Camino es una experiencia que
nadie debería perderse
Seguro que hay más cosas, pero estas son las que me vienen ahora.( me será de mucha utilidad para mi segundo libro :)
Espero tener la oportunidad de volver pronto,
puesto que pese a todos estos aprendizajes, te seré franco: ¡estos 3 días se me
han hecho cortos, ja, ja!!
Y solo me queda desearte.... ¡BUEN CAMINO!!!