domingo 15 de noviembre de 2009

Hace un par de días la preocupación me asaltó bastante. Estuve hablando con una pedagoga infantil a cargo de un grupo de preescolar (de 3 a 4 años) y me comentaba que los principales problemas que tenían los niños es que comparado con hace unos años, hablan y sobre todo escuchan mucho peor. En cuanto al tema de la escucha, no es que escucharan peor, es que no escuchan casi nada, que está combinado con la incapacidad cada vez más manifiesta de prestar atención a algo. Además, parece ser que es una opinión bastante general dentro de los profesionales del sector.

¿Y cual es el motivo principal de que esto suceda? Pues para variar, y como es lógico, el origen está en casa. Según me comentaba, tenemos tan poco tiempo para dedicar a nuestros hijos, que cuando llegamos de trabajar, normalmente tarde, nos da tiempo para saludar,deberes, baño, cena, cuento rápido, y a la cama. No les dedicamos tiempo a escucharles, a preguntarles, a que hablen, a que se expresen, con tiempo, con paciencia…. No les escuchamos, y ellos no aprenden a escuchar.

Nos toman como referencia, por supuesto: nos ven deprisa, y van deprisa; nos ven cambiando nuestra atención de un sitio a otro, y ellos la cambian; ya no se trata de que les dediquemos más tiempo (ojalá): es que además, en el tiempo que estamos con ellos, en realidad, ¿Dónde estamos? ¿Dónde está nuestra mente? Posiblemente, bastante lejos del aquí y ahora con nuestros hijos muchas veces. Además, anímicamente, ¿Cómo nos sentimos al llegar a casa? ¿cansados? ¿enfadados? ¿necesitados de atención, nosotros? Como para prestar atención de calidad a nuestros retacos, que son muchas veces grandes “probadores” de nuestra paciencia. Y cuando por la tarde, o noche ahora, llegamos al hogar… ¿vamos sobrados de paciencia, que es lo que les hace falta a ellos? Básicamente no.

La propuesta es que aunque estemos poco tiempo (y esto no significa que no intentemos montárnoslo para estar más rato con ellos) ese tiempo sea de plena atención, donde ellos cojan el protagonismo, y que estemos al 100% aquí y ahora. Les debemos, al menos, eso. Me preocupa que estemos creando una forma de vivir, un sistema social, donde esto ocurra, y básicamente, ni pensemos en las consecuencias que está teniendo, y sobre todo, que ni nos cuestionemos que es nuestro deber cambiarlo, y no aceptar “porque sí” que es el modelo menos malo.

Me dan igual otros modelos: si este no funciona, debemos empezar a cambiarlo, pero ya. Y ¿por donde empezar? Pues por ejemplo, por mejorar, aunque sea, la calidad de la atención a nuestros hijos.

jueves 8 de octubre de 2009

LA BELLEZA DE LO IMPERFECTO

Acabo de ver por 3ª vez un maravilloso video colgado en youtube y que me ha mandado mi amiga María, que también te invito a que veas si puedes antes de seguir leyendo: http://www.youtube.com/watch?v=WlUijVWQB78




Y es precioso porque honra algo que somos las personas, y que nos dan vida y unicidad: nuestras imperfecciones. Porque ellas forman parte de mi, y las tuyas de ti. Vivimos en un mundo que persigue lo perfecto, la excelencia, el “siempre más”. Generamos expectativas continuamente que ponen el listón más alto, y exigimos el “mejor y mejor”. Pero todo esto, ¿para qué?. Si tenemos muy claro el “para qué”, y ese “para qué” da sentido a nuestra vida, adelante. En los otros casos, estamos perdiendo el tiempo, la energía, y sobre todo, estamos impidiendo que las pequeñas o grandes imperfecciones de las personas formen parte de nuestra vida.

En el pasado, quise a alguien a mi lado que fuera perfecto, que culminara todas mis expectativas, alguien a la carta. ¡qué errado estaba! No se trataba de exigir la perfección, se trataba de aceptar la humanidad, y como dice en el video la viuda, lo bellamente imperfecto de las personas. Hoy he dejado de buscar la perfección, para mi sorpresa. Busco la vida, y sobre todo aceptar que las personas somos maravillosas con nuestros pequeños defectos, que no nublan la grandeza y maravilla del ser humano que sigue ahí, para el ojo que quiera ver (porque hay que querer verlo: nadie dijo que fuera fácil; nos han entrenado justo para lo contrario).

Hay una frase por las mañanas que me ayuda a vivir mejor el día, a comprender mejor y aceptar que el mundo y la gente no es como yo quiero, sino como son, sencillamente:

“las personas no somos perfectas”

Y sencillamente tomo conciencia de esto, y de que el resto tiene derecho a ser como es. Y me da serenidad y paz.

Lo que tengo claro es que voy a apreciar cada vez más las pequeñas bellas imperfecciones de las personas que me rodean, porque esas, y muchas otras cosas, las hacen únicas, y sobre todo, humanas, y dignas de ser amadas.

viernes 25 de septiembre de 2009

NUESTRA MISERIA MORAL VS. LA DIGNIDAD HUMANA

Noticia que sale en la prensa, el jueves 17 de septiembre, pérdida en la página 37 de un medio nacional: ¡el número de hambrientos supera por primera vez los mil millones!

Ahí es nada. En el siglo XXI, con nuestra sociedad tan avanzada, en el mundo de la tecnología , de internet, de la ciencia, de las pantallas lcd full hd de 40’ con 3 hdmi y sonido envolvente, del iphone 3GS y el nokia N97, de twitter, facebook, linkedin, de la guerra de las marcas tradicionales contra las marcas blancas, de los warrants, las acciones, los derivados, las sicav, los bonus, las pagas extras, etc, etc, existe este pequeño detalle: un 15% de la población mundial pasa hambre.

Daré otros datos para que tomemos conciencia de la magnitud de la tragedia: Este año, los países “desarrollados” sólo han confirmado 1779 millones de euros de los 4585 millones necesarios para alimentar a 108 millones de personas. Hemos recortado las ayudas humanitarias a causa de la crisis, a niveles de hace 20 años, que la directora del PMA (programa mundial de alimentos) de la ONU calificó de “receta para el desastre”. Y sobre todo, este último dato, que es el que más me estremece y que nos demuestra que si quisiéramos de verdad, se podría perfectamente acabar con todo esto de una vez por todas, porque medios y recursos había y hay: CON MENOS DEL 1% DE LO QUE LOS PAISES RICOS HAN GASTADO EN SALVAR LOS SISTEMAS FINANCIEROS SE PODRÍA SOLUCIONAR LA HAMBRUNA, CON ALGO MÁS QUE “SOLUCIONES A LARGO PLAZO”. ¡Menos del 1%! Imagínate un €, o un $. Gastando un céntimo del mismo, todavía nos quedarían 99 céntimos para nosotros! Ese es el tremendo esfuerzo que habría que realizar. Y pese a todo, no lo realizamos….

¿pero nos damos cuenta de lo que hablamos? ¡Hablamos de personas pasando hambre! Las personas necesitamos 3 cosas para sobrevivir, sin las cuales, no hay salida. Son las prioritarias, las fundamentales: aire, agua y comida. Y aquí estamos hablando de comida. O sea, una de las 3 que ponen en riesgo inmediato la vida, la supervivencia. Estamos hablando de morir de hambre. Creo que todos deberíamos pasar hambre de verdad dos o 3 días seguidos de nuestra vida para entender lo que es eso. Y también, que pasaran hambre nuestros hijos, padres, hermanos, para que sumáramos la sensación del hambriento a la desesperación de ver ese hambre en nuestros seres queridos. Otro gallo nos cantaría.

El caso es que al final, mi conclusión es que hemos montado un sistema que sólo beneficia a unos pocos (nosotros, los de los países desarrollados) y donde el resto de la humanidad ha sido empleado en mantener nuestro sistema de privilegios, gracias a un moderno estado de vasallaje, siervos de la gleba, semi esclavitud que permite que nosotros vivamos como vivimos. Por supuesto, ni que decir tiene que esto no es sostenible a medio plazo. Sólo por inteligencia y egoísmo deberíamos empezar a solucionar este tema, para poder mantener nuestro statu quo de privilegiados. Y ahora, yendo más allá del egoísmo, introduzcamos otros factores que creo van el el pack del ser humano, a veces tan profundamente hundidos en el anonimato que creemos que no están: la sensibilidad, la generosidad, la justicia, la solidaridad, la compasión, la gratitud, y en definitiva, la humanidad. ¡Esto es lo que debemos sacar a la luz ahora, todos! Y si no somos todos, pues hagámoslo de uno en uno, pero no caigamos en la falacia de que “yo solo no consigo nada”. Esa excusa es penosa.

Decía Antonio Marina que uno de los grandes avances del ser humano es que hoy nos damos cuenta mucho más que nunca de lo que hacemos mal. Y no basta con la toma de conciencia; hay que actuar, como diría Vicente Ferrer. Nos quejamos de la supuesta crisis de valores de los jóvenes, y lo que les estamos dando como ejemplo es una sociedad montada por los que nos precedieron y sostenida, apoyada y avalada por nosotros que permite, pese a que podría solucionarse, que 1000 millones de seres humanos puedan morir de hambre, para que nosotros vivamos no mejor, sino más cómodos.

Y como normalmente en estos casos se puede achacar al que escribe que critica y no propone, yo sí lo voy a hacer. Medidas concretas, algunas más efectivas a corto plazo, otras a medio y largo, para que tengamos, cada uno, influencia para cambiar, o ayudar a cambiar cosas (más la satisfacción de que por fin, posiblemente, hagamos algo importante en nuestras vidas).
Batería de propuestas

1. Pasar hambre 3 días seguidos para saber qué es eso. Propónselo a tu familia para que también se involucre. También es una forma de solidaridad
2. Separar el 10% de los ingresos mensuales que uno tenga (independientemente de su cuantía) para donarlos donde se considere (puede que no sea para paliar el hambre en concreto, pero se contribuye de todas maneras)
3. Alentar el debate en foros y redes sociales, para que cada vez haya más conciencia de este desastre
4. Escribir a los políticos, a los medios, y a los creadores de opinión, sistemática y continuamente, para que sepan que somos cada vez más los que consideramos estos temas, capitales y dignos de ser portada, comentario y noticia todas las veces que haga falta
5. Hacernos voluntarios para dar conferencias, charlas y talleres en los sitios donde más influencia podemos ejercer, de cara a educar a las nuevas generaciones; colegios, institutos, AMPAS (porque los padres tenemos la llave de la transmisión de todo esto a nuestros hijos)
6. Ser un ejemplo de congruencia de cara a los que nos rodean, con respecto a nuestra solidaridad
7. Acoger, apoyar y/o apadrinar a alguien que pase hambre de nuestro entorno más cercano (pobres, inmigrantes ilegales, gente que vive en la calle)
8. Exigir una casilla en la declaración de la renta donde podamos donar un tanto por ciento que nosotros decidamos a causas sociales
9. Pedir a todos los periodistas que en sus entrevistas introduzcan, por norma, una pregunta al menos relacionada con el tema del hambre, de cara al entrevistado
10. Ahorrar en la compra de la comida que consumimos habitualmente, y ese ahorro, donarlo. También puede ser renunciar a salir a cenar una noche y dedicar su importe y/o el tiempo a un fin social

Y miles y miles de opciones que podrían ocurrírsenos. Lo importante es que no podemos, no debemos permitir que esto suceda. Todos somos uno, y el daño que permitimos que les llegue a otros, nos llega también a nosotros. Esta en peligro nuestra dignidad, la dignidad del ser humano. Y eso sí es lo importante.

lunes 14 de septiembre de 2009

UNA EXTRAORDINARIA EXPERIENCIA: EL CURSO “APRENDIENDO A SER LIBRES” DE RAMÓN CARBALLO

Ya ha pasado el verano. Y hoy me siento como hace mucho tiempo no me sentía: en paz, sereno, queriéndome a mi mismo, y sobre todo, más sabio y más libre. Este estado transformador de la realidad, se ha generado en una experiencia que he vivido hace 20 días y que posiblemente haya sido lo más potente que he hecho nunca de cara a mi evolución personal.

Durante 9 días de aislamiento en la sierra, de trabajo intensivo con uno mismo, y guiados por lo que para mi ha supuesto una persona muy sabia, un maestro de los que pocas veces te encuentras, he encontrado respuestas, he sanado muchas cosas, he limpiado a destajo, he perdonado, he crecido y me he encontrado con la esencia de mi mismo. Y todo esto provoca un estado de confianza, unas ganas de querer, unas ganas de dar, un sentido de armonía con todo lo que te rodea, que no tiene precio. De hecho, me parece que este es nuestro estado natural, cuando nos atrevemos a descubrirlo, a indagar en los “cómos” y sobre todo, a ponernos a ello.

Este curso es puramente emoción y experiencia, ya que el trabajo intelectual se hace antes. Y está basado sobre todo en: primero identificar y limpiar los mandatos familiares que hoy nos condicionan. Si hay una sorpresa mayúscula que me he llevado, es la esclavitud diaria y cotidiana a la que nos someten hoy, ya adultos, estos mandatos familiares: aquellos generados por nuestra madre y nuestro padre, culpables sin culpa de nuestras programaciones, que hoy influyen decisivamente en cómo vivimos la vida, como pensamos, y como sentimos.

Y una vez descubiertos, se procede a un proceso de limpieza, de perdón, y de paulatina liberación del ser esencial que llevamos dentro, y donde el intelecto (que es la única parte de nosotros mismos que es potenciada desde niños, y que se convierte en un tirano para las otras) pasa a jugar sólo el papel que le corresponde, y donde se concilia con el niño que también está dentro de nosotros, y que en la mayoría de los casos, se ha visto privado de lo que todos los niños necesitan más, y no nos han dado ni damos a nuestros hijos: el amor incondicional, o lo que es lo mismo: que nuestros hijos se sientan queridos pase lo que pase, hagan lo que hagan, sean como sean, y no necesiten como nosotros dejar de ser ellos para ganarse el derecho a pertenecer a las familias en las que han nacido. Esta es una lección que me llevo grabada a fuego para los míos. Como dice Ramón Carballo, palabra arriba palabrea abajo, “quiere incodicionalmente a tu hijo hasta los 14 años, y habrás forjado un adulto sano, sin neurosis (a diferencia de nosotros, que todos las tenemos), que se quiera a si mismo, pleno, libre y vivo”

La verdad es que el aprendizaje ha sido ingente, y las consecuencias de esta experiencia, grandiosas. Si me llevo una lección principal, es la del amor a uno mismo, a mi esencia, que me libera de dependencias, de necesidad de aprobación, del yo egoico que necesita que las cosas pasen como uno quiere, del querer tener razón para reafirmarse, del miedo a no ser querido, al abandono, a la soledad…. Por eso el amor a uno mismo, al ser esencial, único y grande que todos llevamos dentro, y que está conectado con los otros seres esenciales de los que nos rodean, es la clave de vivir libres. Y hoy, te puedo garantizar que me siento con menos miedo y más libre que nunca. Hay mucho trabajo por hacer, pero voy atisbando cada vez más diáfanamente lo que es la vida: amor, alegría y risa.

Pd: si quieres más info del curso, la encontrarás en la pág. Web http://www.ramoncarballo.es/

jueves 6 de agosto de 2009

¡QUÉ BUENO! (mis aprendizajes sobre el ayuno)

Hace ya más de 20 días que acabé mi ayuno, y estado esperando no solo a conocer los efectos inmediatos que tuvo en mi, sino percibir si algo cambiaba con la distancia que da el tiempo transcurrido.

La verdad es que si me viene a la mente una frase, la primera es “reto conseguido”. De hecho, nunca me había planteado hacer una ayuno porque me daba auténtico miedo no comer; era un pánico atávico que tenía directo desde el inconsciente a no cubrir esta necesidad. Era una sensación muy parecida a lo que expresaría la frase “come hoy que no sabemos cuando volveremos a comer”. Imagínate con este patrón de fondo, lo que podía implicar para mi un ayuno. Por eso, la sensación de logro es patente.
Hay varias observaciones y aprendizajes que he obtenido:

- No he pasado hambre. Creo que el sirope de savia y el zumo de limón te nutren bien, porque he seguido haciendo vida normal, deporte, etc, y no me he visto resentido físicamente en absoluto, cosa que me ha resultado curiosa

- Se me han ido los ojos a a la comida, a los olores, a los colores, y me he dado cuenta de una manera espectacular como gran parte de nuestra vida se realiza en torno a los alimentos, sobre todo de nuestra vida social: quedar a comer, a cenar, a tomar algo, al aperitivo, a picotear, en casa de la familia, de amigos, en el campo, en celebraciones diversas, como premio, como descanso… ¡Comida hasta en la sopa!. Fue no poder comer, para darme cuenta de la cantidad de Restaurantes, bares, cafeterías, panaderías, bollerías, pastelerías, hamburgueserías, locales de Bocatas, de comida sana, de buffets, de tiendas de chinos, supermercados, ultramarinos, fruterías, carnicerías, hipermercados, pescaderías, charcuterías, etc, etc, que nos rodean: ¡increíble!

- Esperaba que la sensación de querer comer se mitigara completamente a partir del 4º día, pero no ha sido así. Me ha apetecido menos comer, pero no se me han pasado las ganas, aunque insisto en que no tenía hambre

- No se me ha hecho para nada pesado el sirope, es muy llevadero, sabe bien, y si encima está fresquito, mejor. Preparaba desde por la mañana dos litros que llevaba en una botella de plástico grande y que iba conmigo a todos los sitios (insisto, a todos los sitios) aunque también llevaba una más pequeña que rellenaba para hacerlo más operativo dejando la otra en el coche, por ejemplo

- ¡He comido! Efectivamente, he caído, con mucho cargo de conciencia en los primeros momentos, y con aceptación después, para que fuera algo más sano. El cuarto día, tenía ¡una boda!, y por lo menos para mi, fue demasiado reto, sobre todo por el ambiente de celebración, todos comiendo, y además muchos manjares que me gustaban. Fue un momento duro y caí, aunque comí poco para lo que acostumbro, y no bebí nada de alcohol. También el 6º día en el pueblo se me olvidó el sirope en Madrid, no tenía opción de comprar más, y aguanté hasta las 4 de la tarde con agua con limón, pero también caí. En este caso, en raciones muy pequeñas, con pequeños mordisquitos y masticando mucho. Aprendizaje fundamental: crear condiciones lo más adecuadas posibles para un ayuno: celebraciones, etc, no son nada buenas en estas circunstancias. La próxima vez elegiré el momento, pero sobre todo, elegiré no hacer ciertas cosas

- A partir del 8º día, fui comiendo a la hora de la cena cosas muy livianas para ir acostumbrando el cuerpo a salir del estado de ayuno

- Una cosa que me ha sorprendido mucho, es la exposición “al público” de alguien que está haciendo un ayuno. ¿Qué estás haciendo qué?!; “eso no puede ser sano, estar comiendo solo eso 10 días”; “pero ¿eso está científicamente comprobado?”; “a mi no me parece buena idea”; “¿Cuánto quieres adelgazar?”; “¿Qué vas a adelgazar 5 o 6 kilos en 10 días? Cuidado con lo que haces, eso no puede estar bien”, etc, etc

Lo curioso de estas situaciones era que: 1) había una obsesión casi absoluta por llamarlo “dieta”, y además, para perder kilos. Ese era el objetivo prácticamente obvio para casi todo el mundo; 2) me ha dejado asombrado, que básicamente casi nadie de mi entorno más cercano se interesara por mis motivos, lo que me ha llevado a hacerlo, porqué ese tipo de ayuno y no otro, como se hace… “cero” curiosidad, y miles de prejuicios. De hecho, todos los opinantes sin excepción, jamás habían hecho un ayuno voluntario de depuración sistematizado, ni sabían básicamente nada sobre ayunos. Opinar por opinar (aunque muchos ya estamos más que acostumbrados a esto, además de practicarlo con asiduidad. Es sintomático la necesidad que tenemos de hablar de todo y dictar sentencias sin tener ni idea de lo que hablamos, en vez de abrirnos a la experiencia, y hacernos preguntas)

- He adelgazado casi 6 kilos, y me da gusto verme en un espejo, aunque esto no era el objetivo final del ayuno, si lo he tenido bastante presente

- Me siento más limpio por dentro, más ligero, con gran alegría cada vez que expulsaba toxinas y grasas de mi cuerpo a través de los abundantes recursos que gestiona el mismo

- Y lo más importante para mi: tras 20 días de acabar el ayuno, como menos, noto mi estomago más pequeño, soy mucho más consciente de lo que es una alimentación más sana de la que practicaba, no tengo tan presente como antes el “comer”, me sacio mucho antes, y de hecho, como me pase comiendo, noto una sensación de hartazgo durante horas; ceno menos y más sano y no he recuperado peso pese a que no me privo de nada, pues me niego a hacer ninguna dieta: lo que quiero es ir cambiando mis hábitos alimenticios de forma fluida y porque quiero y me apetece, única manera de no sufrir en el proceso y que los cambios vengan para quedarse.

Ha sido una gratísima experiencia, que me he propuesto repetir dos veces al año. Me siento con energía, más sano y más en mi centro, y además, he roto una creencia limitante muy importante. Y todo por dejar de comer unos días! (¿es solo eso? Ni hablar). Muy recomendable, como experiencia para el cuerpo, y para el espíritu (como influye lo físico en tu "yo interno", y a la inversa). Y tú, ¿has pensado en probarlo?

miércoles 1 de julio de 2009

HE EMPEZADO UN AYUNO

ayer he empezado un ayuno, sobre todo con ámimo de depurar, limpiar y volver a honrar a mi amigo el cuerpo, al que tengo muy abandonado en general: le exijo mucho y le doy poco. Para mi es un reto, ya que nunca he hecho uno, pero me consta por los testimonios de otras personas, además de que el ayuno haya sido una experiencia de purificación en prácticamente todas las tradiciones espirituales, que merece la pena, y que va más allá de limpiar el cuerpo y adelgazar unos kilos. Parece que se viven otro tipo de experiencias relacionadas con uno mismo, a nivel de energía y conexión. y creo que merece la pena experimentarlo.

Hay multiples opciones para elegir, así que he optado por uno basado en estar 10 días tomando sirope de savia y zumo de limón (parece que dicha combinación provee de todo lo necesario para alimentarse) y tiene muy "buen cartel". lo cierto es que llevo día y medio solo tomando este brebaje, que no sabe mal, y no he pasado hambre, aunque por hábito, olores, y momentos del día, me ha apetecido comer (la vulgar y tan entrañable gula).
Bueno, te contaré al final la experiencia; estoy muy expectante e ilusionado con ella.

jueves 18 de junio de 2009

PARA QUÉ. LA EXTRAÑA E INCREIBLE IMPORTANCIA DE LA EFICIENCIA

Hace unos días, mi compañero coach Jaime Bacás, que ha puesto en marcha una iniciativa estupenda, llamada www.senderosdeproductividad.com

me invitó a realizar una entrevista con mis opiniones sobre el tema, y sobre todo, lo que para mi implica el "para qué" y la eficiencia para vivir una vida profesional y personal de calidad y con inteligencia. Y aquí va el video. espero que te guste