Querida Joaquina:
Todavía estoy sumido en la estupefacción del huérfano que no
puede creer que una luz potente y blanca con la cual ha iluminado muchas áreas
oscuras de su vida, se haya ido del mundo terreno. No he de negarte que mi
primera reacción ha sido de rabia y reproche: Pero ¿Cómo se te ocurre hacerme
esto? ¿Cómo se te ocurre hacernos esto? Y lo que es más grave…. ¿Cómo se te
ocurre hacerle esto al mundo.
Porque el mundo va a ser otro sin ti, lo tengo claro. Si hay
una persona sobre la tierra que me consta con total seguridad era
necesaria, esa eres tú. Después de la incredulidad en la que todavía estoy
sumido a ratos, voy transitando el duelo hacia un sentimiento mezcla de extrema
tristeza y también de responsabilidad. Porque hasta el último momento, como muy
bien ha expresado otro de tus queridos pupilos, Curro Trujillo, has sido capaz
de ponernos delante del espejo y facilitarnos que sacáramos lo mejor de
nosotros. Y en este caso ha sido muriendo y por lo tanto dejándonos sin el
recurso fácil de “se lo tengo que consultar a Joaquina”, “Tengo sesión con
Joaquina”, o “mañana llamo a Joaquina” para aportar luz al problema. Y lo mejor
es que básicamente dabas una solución pero siempre a través de la pregunta justa que le
ponía a uno en el disparadero, sin posibilidad de esconderse.
Y eso suponía que
tantas personas te rehuyeran o te tuvieran miedo. Porque eras sobre todo ese
espejo en el que da a veces hasta pánico reflejarse, pero sin cuya mirada no es posible el
crecimiento ni el avance real. Y tu magnífica integridad suponía además que no
te andaras con paños calientes, aunque lo hicieras desde un infinito amor a las
personas. Y ese “desde donde” te capacitaba para decir lo que consideraras que
debías, una vez la persona había decidido ponerse en tus manos (más bien,
ponerse en sus propias manos, como después íbamos descubriendo).
Has sido el ejemplo más extraordinario de congruencia y de “ser
tú” que nunca he conocido en nadie. Porque no tenías miedo, y si lo tenías, lo trascendías, tu misión era más importante que tú misma. Tu trabajo interior
había sido tan potente y tu vocación de servicio tan abrumadora, que no se te
podían poner pegas. Y esto es muy difícil de decir: Joaquina es siempre ella. Su
mensaje es como vive, sin tener que hablar. De hecho, ella es su mensaje.
Y por esta razón te teníamos tanto respeto. Porque no
podíamos decir “¿Y tú qué?”. Estábamos vendidos y por lo tanto rendidos a tus
preguntas y orientaciones, porque en el fondo de nosotros mismos, todos
queremos ser como Joaquina:
personas coherentes sin miedo a ser ellas mismas y con claridad. Y esta lección genuina desde
el ejemplo, que es el único sitio autorizado para dar lecciones, te ha hecho
tan distinta e irreemplazable.
Doy millones de gracias por haberte tenido en mi vida y por
haberme permitido compartir tu sabiduría, tu saber enciclopédico y tu ansia de
conocimiento del ser humano, que como tantas veces te repetías era tu pasión
desde hace 30 años. Este año tuve el inmenso privilegio de haber cursado el
master de comunicación personal contigo, este curso que era la niña de tus ojos
porque como tantas veces decías, la comunicación no verbal era la clave del
conocimiento auténtico del ser humano. Y aprendí a distinguirla del lenguaje no
verbal, que es solo una parte de ello. Y me llevé una lección de
autoconocimiento, de indagar dentro de nosotros, de tocar los mimbres sobre los
que estamos construidos que me ha dejado literalmente alucinado, desde el
temperamento, el ademán, las competencias, la marca personal, el liderazgo para
cambiar el mundo y el camino del héroe. Una visión integral de quien somos,
porqué y para qué hemos venido al mundo, además de tu obsesión por entrar en
acción y generar resultados reales como tu admirado Vicente Ferrer.
Pero lo más importante era ese mensaje que nos mandabas día
tras día: El conocimiento del ser humano tenía como objetivo comprender que las
personas estamos abocadas a actuar tal como actuamos, que no es posible cambiar
eso a no ser que se haga un ejercicio consciente de la situación y quiera haber
un compromiso firme de cambio. Así que insistías en que éramos la mejor versión
posible de nosotros mismos en cada momento y que debíamos estar orgullosos de
ello y evitar juzgar a otros, porque también ellos eran su mejor versión.
Como sería el mundo con muchas personas viviendo esta manera
de ver la vida…
Te criticaron, te juzgaron, te pusieron en el disparadero
muchas veces por atreverte a ser tú, por ser ese espejo cuyo reflejo
deslumbraba tanto que muchas personas te rehuían y reaccionaban contra ti,
desde el miedo enorme a mirarse. A mi me ponía los pelos de punta cuando me
preguntabas: ¿Quieres de verdad este cambio?¿Cuál es tu nivel de compromiso
para realizarlo? Y sabía que no valían palabras huecas ni eslóganes. Porque
además todos los que estuvimos contigo conocíamos a ciencia cierta que nos
calabas como nadie nos había calado nunca. Antes de empezar a hablar ya sabías
como estábamos, de que pie cojeábamos y cuando mentíamos. Y lo que me parecía
magia auténtica, hoy comprendo después de este año contigo en el master que
tenía mucho que ver con la frase de Arthur C. Clark, autor de “2001, una odisea
en el espacio”: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es
indistinguible de la magia”.

Solo perseguías el bien del ser humano, y se te llevaban los
diablos cuando hablabas del cambio al que estamos abocados todos para ser
realmente quien somos y nos negábamos en rotundo a él aunque lo supiéramos
necesario porque nos focalizamos en lo que vamos a perder y no en lo que vamos
a ganar. Es como si te estuviera viendo. Y como cambia la vida este mensaje:
¿qué pasaría si me focalizara en lo que voy a ganar en vez de lo que voy a
perder?
Desde hace años ( y llevo días intentando recordar como nos
conocimos, y no hay manera, pero fue antes del 2004 seguro) te fuiste
convirtiendo en alguien crucial en mi vida, fuiste profesora en mis cursos del
instituto impact, yo en los tuyos, fuiste mi coach, mi terapeuta, mi psicóloga,
me acompañaste en el proceso en el que sigo donde cambié mi alimentación hace
dos años, adelgazando 16 kilos para orientar un nuevo estilo de vida, y donde ¡dejé el
pan!! Que es como si a un esquimal le quitan la nieve… He cambido mi manera de
andar, de moverme, de pensar y de mirar el mundo y a las personas, has estado
presente en los momentos más oscuros de mi vida y en todo momento sentí tu
escucha, tu confianza en mi y en mis posibilidades pero sin maternalismos,
dejándome claro que era mi trabajo salir de ello. Y sobre todo, sentí tu amor.
Y tu final… sin ruido, sin alharacas, cumpliendo con tu
misión literalmente hasta el último día, no dejando que tu enfermedad desde
hace 6 años fuera un impedimento para tu labor. Como me ha dicho mi amigo y
maestro también Yanko Vasilev:
“Las antiguas escrituras dicen que cuando los discípulos
tienen asimilado el conocimiento, los maestros se retiran en silencio”
Por eso hoy tanta gente estamos huérfanos. Pero también
sabemos que desde tu atalaya privilegiada de luz seguirás acompañándonos en
nuestro camino porque tu último gesto que es tu muerte, es un claro mensaje:
“estáis ya preparados, he cumplido mi misión y os toca volar
y no depender”
Ya firmo por dejar un legado que sea el 1% del que tú dejas
aquí. Porque es inabarcable el bien que has hecho, las vidas que has ayudado a
reorientar y sobre todo, la compasión y claridad dada y el amor otorgado.
Ahora nos toca a nosotros atrevernos a ser quien somos y a
cumplir nuestra misión. Gracias por haber estado en mi vida, en la de mis
hijos, en la de mis amigos y compañeros y en la de tantos miles de personas. Me
alegro que escribieras tu libro (que es solo una introducción a lo que sabías,
podrías haber publicado centenares) y que como maravillosa estratega de la
vida, con esa determinación para planear desde el “para qué” (una de tus
preguntas favoritas que desarbolaban: “Joaquina, me pasa esto”. Respuesta: ¿”Y
para qué lo haces?”) nos ayudaste a ver la vida en conjunto, y sobre todo a
decidir y planificar que queríamos de ella, llevándolo al algo tan concreto
como determinar qué deseo que ocurra en el día de hoy y como voy a conseguirlo.
Me comprometo contigo definitiva y públicamente a ser quien soy,
atreverme a ello, honrarme a mi y honrar a las personas, y que el amor que tú me
enseñaste desde el ejemplo esté presente en mi vida con comprensión y contribución. Hoy me abro
a mi misión en el mundo definitivamente y confiando.
Y espero dentro de muy poco poder responder “SI” de una
manera taxativa, convencida y firme a esa pregunta que hacías a todo el mundo
cuando lo veías: ¿Eres feliz?
¡BUEN CAMINO, MAESTRA!
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Josepe García dirige el www.institutoimpact.com y la www.escuelaoratoriaempresarios.com